El Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes.
Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite, mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos. Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas. Pero a medianoche se oyó un grito: ‘Ya viene el esposo, salgan a su encuentro’.
Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas. Las necias dijeron a las prudentes: ‘¿Podrían darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan?’. Pero estas les respondieron: ‘No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado’. Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta.
Después llegaron las otras jóvenes y dijeron: ‘Señor, señor, ábrenos’, pero él respondió: ‘Les aseguro que no las conozco’. Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora
Mt 25,1-13

Síntesis en tres puntos:
Estar atentos no es tener miedo:
La parábola de las jóvenes suena a amenaza, pero la consigna es atención, no angustia: el día y la hora es hoy, y Dios tiene algo para decirte ahora.
Dejar de mirarse a sí mismo:
El riesgo es convertir la atención en autoexamen («¿valgo o no valgo?»). Dios no es un juez implacable ni un Papá Noel indiferente: nos quiere primero, y por eso el foco tiene que salir de uno mismo y ponerse en lo que Él quiere decir.
La exigencia del amor y la serenidad:
Todo el que ama exige crecer; esa es la exigencia del amor, no la de la culpa. Y la respuesta cristiana frente a lo que pasa es serenidad y paz, como la que transmite el Papa León, sin sumar miedo, división ni angustia.
Síntesis del audio de la homilía:
Acabamos de escuchar esta parábola, que termina de esa manera un poco amenazante. Pero si la leemos despacito y vamos viendo todos los detalles, vamos descubriendo cosas que son muy ricas y muy importantes para nuestra vida.
La parábola de las jóvenes
Jesús utiliza una imagen que para la época era muy conocida. Participar de una boda era muy importante y para quienes estaban invitados poder entrar era un acontecimiento social muy destacado. Estas jóvenes están esperando ansiosamente ese momento. Algunas se dice eran prudentes y otras habían sido necias, no habían llevado aceite suficiente.
Prudentes, no buenas ni malas
Primera observación, no es que unas eran buenas y otras eran malas. Unas habían sido prudentes y las otras no. No habían llevado todo lo que convenía llevar, nada más. Todas se quedan dormidas, no solamente las necias, todas se quedan dormidas.
Y después viene la escena en la que unas se dan cuenta que no tienen suficiente, las otras les dicen que vayan a comprar, llega el esposo y el final es: ¡ábregos! “no, no las conozco, estén prevenidos, estén atentos, porque no saben ni el día ni la hora…”
Estar atentos no es tener miedo
Y entonces es cuando aparece el tono de amenaza. Pero en realidad somos nosotros los que nos imaginamos que nos están amenazando, porque la palabra es “estén atentos, estén prevenidos”. Estar atento es estar atento, no es estar con miedo, no es estar ansioso, es estar atento. Fíjense, abran los ojos, estén atentos, porque en cualquier momento llega el Señor; “el día y la hora” no es un momento amenazante, “ojo, eh, mira que te podés morir…” ¡Ahora es el día y la hora! ¡este momento es el día y la hora! Hoy el Señor tiene algo para decirte, hoy el Señor tiene algo para ofrecerte, hoy tenés que estar atento para entrar hoy a la fiesta que hoy el Señor tiene preparada para vos.
Cuando nosotros convertimos esto en una amenaza y decimos “uy, ¿me habré portado bien, qué pasará? ¿qué es lo que estamos haciendo? estamos cambiando la atención, en lugar de atender, a ver qué me quiere decir el Señor, me estoy mirando a mí mismo, estoy mirándome a mí mismo, valgo o no valgo, puedo entrar o no puedo, no es ese el tema. El tema es que el Señor te está hablando y vos estás pensando en otra cosa, el tema es que el Señor te quiere decir algo y vos estás pensando en vos y no en Él.
La exigencia del amor
Estén atentos, es dejar de pensar en vos, abrí el corazón y ve qué es lo que Dios quiere para vos y qué es lo que te quiere decir ahora, el día y la hora es hoy. A cada momento Dios viene a nosotros para decirnos algo, para ofrecernos algo y el juicio de si estoy bien, estoy mal, si me equivoqué, no me equivoqué, es un mambo mío. Dios nos quiere primero, conoce de sobra si nos equivocamos o no nos equivocamos, somos sus hijos, Él no es un juez implacable que nos mira desde arriba a ver si nos portamos bien o mal. Tampoco es un viejito tipo papá Noel que da lo mismo que lo que diga o lo que deje de decir.
Dios nos ama y todo el que nos ama nos exige, todo el que nos ama nos invita a crecer, nos invita a cambiar, nos invita a mejorar, esa es la exigencia, no la otra, la de la culpa, ¡es la exigencia del amor!
El Papa León en nuestro país
Y escuchamos todo esto en este día en el que recibimos al Papa León en nuestro país. Estemos atentos, ¿qué es lo que el Señor nos quiere decir a través de Él? Pero qué nos quiere decir a nosotros, no nos pongamos a pensar lo que le quiere decir a Milei, lo que le quiere decir al gobierno, lo que le quiere decir a fulano o a mengano, ¿qué es lo que me quiere decir a mí?
Porque me viene a visitar a mí, a cada uno de nosotros, a nuestra casa, y entonces recibir a alguien y estar atento a lo que me quiere decir, supone, sí, escuchar sus palabras, (pero no todos los comentarios que nos van a hacer pensar en qué le quiso a otro) escuchar sus palabras y dejarlas entrar en mi vida, en mi familia, en mi corazón.
Serenidad, no miedo
Y además de escuchar sus palabras, creo que en el día de hoy nos viene muy bien mirar su figura, porque tiene que ver también con este tema de los miedos. Debe haber pocas personas como él, el Papa, en medio de tantas tensiones y con tanta información sobre todo lo que realmente pasa. Y lo que nos transmite no es miedo, es serenidad. Es conciencia de lo que ocurre.
Pero la respuesta cristiana ante todo lo que pasa es la serenidad, la palabra sabia, la palabra que aporta algo. No es generar más miedo, ni más división, ni más angustia, es todo lo contrario. Su presencia es sumamente serena y sumamente transmisora de paz.
Eso también tenemos que dejarlo entrar en nuestro corazón y eso es lo que nosotros como cristianos también tenemos que transmitir. Paz, serenidad, afecto, cariño. No más miedo, no amenaza, no dolor, sino esa serenidad que el mismo Papa nos transmite.
Aclaraciones:
- El audio está editado, se eliminan las alusiones a situaciones concretas de la comunidad y los errores comunes al hablar.
- La síntesis está hecha con inteligencia artificial y después corregida.


