Así encontrarán alivio

Jesús dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque, habiendo ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes, las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido.

Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y Yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana.

MT 11, 25 – 28



Síntesis en tres puntos (IA):

Los tres puntos más importantes son:

La alabanza nace de reconocer cómo actúa Dios

Jesús alaba al Padre al descubrir que los pequeños y sencillos comprenden el Reino, mientras que los que se creen sabios quedan cerrados a sí mismos.

Para entender a Jesús hace falta un corazón humilde

No se trata de saber mucho, ni de tener una formación especial, ni de ser moralmente perfecto. Lo decisivo es la actitud con la que se escucha: un corazón pequeño, abierto, dócil, capaz de dejarse transformar por la palabra de Dios.

El alivio llega cuando dejamos de cargar solos con la vida

Jesús, paciente y humilde de corazón, muestra el camino: confiar, bajar nuestras seguridades, soltar el peso de nuestra propia manera de pensar y apoyarnos en Dios, que acompaña y sostiene nuestra historia.


Transcripción de la homilía

La alabanza de Jesús

Seguimos escuchando estos pasajes de los Evangelios que nos narran los primeros tiempos de Jesús predicando la buena noticia del Reino. Y el pasaje que acabamos de escuchar comienza con Jesús diciendo “yo te alabo Padre”.

La alabanza es una forma de oración, una forma de oración que nosotros no solemos practicar muy seguido. Para nosotros rezar es sobre todo pedir o dar gracias, pero ¿qué es alabar?, alabar a Dios… Alabar a Dios es poner de manifiesto toda su grandeza. Es como cuando alabamos a una persona, cuando queremos a alguien la alabamos, le decimos lo valiosa que es, las cosas buenas que hace, resaltamos lo mejor de esa persona. Alabar a Dios es rezar reconociendo las maravillas que hace Dios, las maravillas que Dios es. No es lo mismo que dar gracias porque Dios me da cosas, es estar fascinados contemplando como Dios es con todos.

Y en este pasaje del Evangelio se nos muestra Jesús alabando al Padre, pero no lo alaba porque es misericordioso, porque es todopoderoso, por alguna cosa de esas. Lo alaba por algo muy concreto que le está ocurriendo en ese momento a Jesús. Jesús está predicando y se da cuenta de que la gente más sencilla y más humilde entiende lo que Él dice. Y se da cuenta de que los sumos sacerdotes y la gente que tiene las cosas muy claras no entiende lo que Él dice. Y eso es lo sorprendente.

Jesús alaba al Padre, te alabo Padre, “porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y las has revelado a los pequeños”. La alabanza surge de Jesús al descubrir que cuando Él habla los pequeños entienden y los que creen que saben mucho se quedan sin entender.

Las dos cosas van juntas. Y las dos cosas son el motivo de la alabanza: que unos pueden entender y los otros no. No entienden y está bien que no entiendan los que se creen superiores a los demás.

Un corazón pequeño para entender

Para entender lo que dice Jesús no hace falta ir a la universidad ni ser un campeón de las virtudes ni alguien que nunca hace nada malo. Para entender lo que dice Jesús hace falta ser pequeño, ser humilde, abrir el corazón a lo que Jesús está diciendo. Y eso sirve para quienes escuchaban a Jesús hace dos mil años y para nosotros. A veces uno se encuentra con gente que te dice no, pero tendríamos que hacer un curso, tendríamos que aprender más, tendríamos que ir a… No, no es cuestión de saber mucho. Está lleno de gente casi analfabeta que entiende perfectamente lo que dice Jesús la primera vez que lo escucha.

El tema es con qué actitud escucho. El tema es si tengo realmente un corazón pequeño como dice el mismo Jesús y si tengo un corazón pequeño y abierto a lo que Jesús me quiere decir, entonces la palabra de Dios entra en mi corazón lo transforma y me convierto en cristiano ¿Así de fácil? No es tan fácil. Porque no es fácil tener un corazón pequeño, humilde.

Y esto se relaciona con la conclusión. La conclusión a la que llega Jesús es “carguen ustedes sus yugos sobre mí porque mi carga es suave y liviana porque soy paciente y humilde de corazón”. Él es el primer pequeño. Él es el que se pone en el último lugar. Él es el que nos enseña a todos cómo hay que escuchar la palabra de Dios. Él es aquel que a lo largo de toda su vida y hasta la muerte en la cruz lo único que hizo fue cumplir la voluntad del Padre y ser dócil a la mano de Dios que lo llevaba. Él es el que se pone en el último lugar, el que nos dice que tenemos que estar en el último lugar. Y entonces su carga es liviana y estamos aliviados.

En este mundo y en estos tiempos en donde tantas veces tenemos la sensación de estar como abrumados por todo lo que pasa el Señor nos viene a decir: yo les voy a contar como tienen que ser para sacarse todo ese peso que tienen encima: sean humildes, abran su corazón a Dios, confíen y en la medida en que confiamos en la medida en que nos bajamos de nuestra seguridad, de nuestra manera de pensar, de lo claras que tenemos las cosas, entonces no cargamos nosotros con el peso de nuestra manera de pensar y de nuestra manera de hacer y nos apoyamos en Dios nuestro Señor que es el que lleva nuestras vidas y nuestras historias.

El alivio de confiar

Esta enseñanza es muy importante en este día que nos recuerda, nos muestra mejor dicho como Jesús alaba. Alaba al Padre por lo que le pasa en su vida. Cuando se descubre en su vida hablando y siendo comprendido por los más frágiles entonces alaba al Padre. Dios seguro que en la vida de todos nosotros hace cosas parecidas. Si nosotros estamos atentos aprenderemos a alabar al Padre mirando nuestra vida y dándonos cuenta de todas las veces que el Señor en nuestra vida actúa, transforma, acompaña. Ese es el alivio. Esa es la paz. Saber que el Señor siempre está con nosotros y nos acompaña en todo momento.



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