Jesús dijo a sus Apóstoles:
El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.
El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a aquel que me envió. El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo por ser justo, tendrá la recompensa de un justo.
Les aseguro que cualquiera que dé de beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa».
Mt 10, 37-42

Síntesis en tres puntos (IA):
Ser discípulo es caminar con Jesús
La frase “no es digno de mí” se entiende mejor como “no puede caminar conmigo”. Jesús está mostrando que seguirlo implica entrar en un camino nuevo, capaz de transformar incluso los vínculos más profundos.
Caminar con Jesús exige vivir de otra manera
Ser cristiano consiste en vivir con una libertad distinta frente a lo establecido: las presiones sociales, culturales, políticas o cotidianas. Seguir a Jesús implica animarse a una forma de vida diferente de la que muchas veces propone el mundo.
El discípulo se reconoce en el gesto concreto de darse
La imagen del vaso de agua resume todo: el discípulo es quien sale de sí mismo y se ocupa del otro. La recompensa no es un premio externo, sino descubrir la propia verdad más profunda: que somos capaces de compartir, escuchar, cuidar y amar.
Transcripción de la homilía
Caminar con Jesús
El Evangelio de hoy empieza con algunas frases difíciles de entender, que tenemos que reconocer que nos suenan medio raro. Jesús dice, aquel que ama a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí, aquel que ama a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí. ¿Qué quiere decir eso? Lo raro en esta expresión no es tanto la comparación con los padres o con los hijos como la expresión “no es digno de mí”, porque jamás Jesús se pone en ese lugar de estar por encima de los demás. ¿Cómo es que Jesús dice el que hace tal cosa “no es digno de mí”? Eso es lo que no nos suena bien.
Muchas veces nos pasa que al escuchar el Evangelio hay palabras que no entendemos. Cuando no las entendemos tenemos que mirar el contexto en el que están dichas.
Esto lo dice Jesús continuando los Evangelios que escuchamos los domingos pasados, en donde se narra cómo Él invita a ser discípulos suyos a un grupo de gente. Empieza por los doce y después un grupo de gente va reuniéndose en torno a Él. De lo que se trata en el fondo es de ver quiénes lo van a seguir.
Y ahí nos encontramos con que si miramos despacito la traducción de “no es digno de mí” está mal hecha, porque en el original se dice “no puede caminar conmigo”. No es lo mismo dicho en el contexto de ¿quiénes van a caminar conmigo? Lo que está diciendo Jesús es que caminar con Él, ser discípulo quiere decir el que camina con el Maestro, eso quiere decir la palabra discípulo, ser discípulo, caminar con Él, implica tener la cabeza muy abierta para cambiar muchas cosas muy profundas, tan profundas como la relación con los padres y con los hijos.
De hecho, Jesús nos invita a cambiar toda nuestra vida, a vivir de una manera nueva y diferente. Caminar con Él es vivir como Él. Y Jesús vive de tal manera y propone un cambio tan impresionante para su tiempo que lo lleva a que lo maten.
Jesús propone un cambio tan profundo en el judaísmo de su época y en la relación con Roma, que eran los dos pilares sobre los cuales se construía la sociedad, que termina cuando las autoridades religiosas y las autoridades políticas deciden sacárselo del medio. Esto muchas veces no cuesta entenderlo. Ser cristiano es vivir de una manera diferente de lo que está establecido.
En la época de Jesús y ahora. En la época de Jesús, porque implicaba aceptar o no el imperio romano o aceptar o no las leyes judaicas. Y Jesús se muestra libre con respecto a las dos cosas.
Vivir de otra manera
En nuestro tiempo, porque ser cristiano implica también vivir de una manera diferente de esas leyes que se nos imponen, a veces a través de la ley, a veces a través del teléfono, a veces a través de infinidad de mecanismos, se nos invita a vivir de una manera o se nos empuja a vivir de una manera. ¿Y qué es lo que está diciendo Jesús? El que quiere caminar conmigo, venga, camine, pero va a vivir una vida diferente de la de todos los demás. Y hay que animarse a vivir una vida diferente de la que viven todos los demás.
Educar un chico en este tiempo, si uno quiere ser discípulo, implica educarlo en algo que no es lo mismo de lo que va a escuchar el chico las 24 horas del día en otros lados. Trabajar en una fábrica, en un oficina o en donde sea como cristiano implica hacerlo con una serie de actitudes que no son las que se va a encontrar habitualmente uno ni en la fábrica, ni en la oficina, ni en ningún otro lado. A veces nos cuesta entender que realmente se nos está proponiendo vivir de una manera diferente.
Un vaso de agua
¿Y cómo es esa manera diferente de vivir? Jesús nunca nos dice las cosas con largos discursos y al final nos dice cómo es esa manera diferente de vivir con una imagen de una simplicidad demoledora. Aquel que de de beber un vaso de agua es el discípulo. ¿Tan fácil? No es tan fácil. Aquel que da es capaz de renunciar a algo y le importa el otro. Puede ser un vaso de agua, puede ser un abrazo, puede ser un poco de plata, puede ser un silencio, puede ser cada uno sabe qué es. Pero el hecho de salir de uno mismo y ocuparse del otro, eso es lo que muestra si sos o no sos discípulo.
Y la frase tiene otra trampa, o nosotros caemos en una trampa por la mala educación que tenemos. Aquel que dé un vaso de agua “no quedará sin recompensa”. Ah, entonces tiene premio ser bueno. No es ese el sentido. La recompensa no es que si yo doy un vaso de agua o lo que fuera, entonces me van a dar un premio. La recompensa es que cuando yo doy un vaso de agua descubro en mí algo nuevo: soy capaz de hacerlo. Soy capaz de compartir. Soy capaz de escuchar. Soy capaz, o sea que soy eso.
La diferencia está, lo que realmente el Señor nos está diciendo, es que el premio está en descubrir quiénes realmente somos. El que camina con Jesús descubre una manera nueva de vivir que coincide con lo que realmente él es, con lo que realmente tenemos en nuestro corazón.



