Después de la Resurrección del Señor, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron delante de el; sin embargo, algunos todavía dudaron. Acercándose, Jesús les dijo: «Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo».
Mt 28,16-20

SÍNTESIS EN TRES PUNTOS (IA):
1. La Ascensión como nueva forma de presencia de Jesús
El texto explica que la Ascensión no es una partida hacia un “arriba” físico, sino la entrada de Jesús en el ámbito de Dios, que está cerca, accesible y presente en el corazón. Jesús ya no se ve como antes, pero está más presente que nunca.
2. La misión de los discípulos: anunciar con el tono de la vida
La Ascensión envía a los discípulos a ser testigos. No basta con decir que Jesús está: hay que transmitirlo con una vida que irradie paz, confianza y serenidad. El anuncio se vuelve creíble cuando la comunidad vive desde esa certeza.
3. La Eucaristía como presencia permanente de Jesús
Una de las formas nuevas y fundamentales de la presencia del Señor es la Eucaristía. Al repetir el gesto de la última cena, la comunidad hace presente a Jesús y se sostiene en su cercanía a lo largo de la vida.
TRANSCRIPCIÓN COMPLETA DE LA HOMILÍA
1. La Ascensión: el final de una forma de presencia
Celebramos la fiesta de la Ascensión del Señor, que marca el momento en el que termina ese tiempo en el que Jesús, después de muerto y resucitado, aparecía y desaparecía. Después de la Ascensión, ya los discípulos no lo van a volver a ver de la misma manera. No lo vamos a volver a ver de la misma manera.
2. ¿Qué significaba “cielo” para los primeros discípulos?
Y se dice que se fue al cielo. ¿Qué significaba la palabra cielo en ese tiempo para esas personas? El cielo, ese lugar de ahí arriba, era el sitio desde donde venía el agua y desde donde venía la luz… Del cielo venía la vida. Por eso en el cielo estaba Dios, el que da la vida. Cuando se dice que Jesús se fue al cielo, se dice que Jesús se fue al lugar donde está Dios… El cielo, el lugar donde está Dios, está por acá, mucho más cerca que ahí arriba… Podemos encontrarnos con Jesús cuando nos acercamos a donde está Dios.
3. La pregunta de los discípulos perseguidos: “¿Dónde está Jesús?”
Todo esto se les dice a los discípulos en un momento en el cual ellos están siendo perseguidos… Y entonces entre todos ellos está esa sensación: ¿dónde está Jesús? La insistencia de los evangelistas: está, está cerca, está con nosotros, en nosotros y en la comunidad. La fiesta de la Ascensión nos muestra dos cosas: – Que se va y ya no lo van a ver de la misma manera. – Que ahora ellos son los testigos: vayan y anuncien.
4. El anuncio exige un tono de vida
¿Qué tienen que anunciar? Que Él está y que Él está en nosotros, en la comunidad. Por eso el anuncio debe ir acompañado de una actitud: paz, confianza, serenidad. No puede anunciar la cercanía del Señor quien vive amargado o enojado. No es ser los mejores ni los más inteligentes. Es creer y confiar profundamente que el Señor está con nosotros, incluso en las dificultades. Como los discípulos de entonces, nosotros también podemos vivir con paz y confianza.
5. Una nueva forma de presencia: la Eucaristía
La fiesta nos recuerda que no está de la misma manera, pero sí de una manera nueva. Entre esas maneras, la Eucaristía es fundamental: repetir el gesto de la última cena, compartir el pan y el vino, escuchar las palabras. Así hacemos presente a Jesús que nos acompaña a lo largo de la vida. No celebramos la lejanía de Jesús, sino su cercanía profunda y comprometedora. Por eso celebramos con alegría y presentamos nuestras necesidades, especialmente por nuestros hermanos difuntos.


