Durante la Última Cena, Jesús dijo a sus discípulos: Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos. Y Yo rogaré al Padre, y Él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes: el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes, en cambio, lo conocen, porque Él permanece con ustedes y estará en ustedes.
No los dejaré huérfanos, volveré a ustedes. Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero ustedes sí me verán, porque Yo vivo y también ustedes vivirán. Aquel día comprenderán que Yo estoy en mi Padre, y que ustedes están en mí y Yo en ustedes.
El que recibe mis mandamientos y los cumple, ése es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y Yo lo amaré y me manifestaré a él.
Jn 14, 15-21

SÍNTESIS EN TRES PUNTOS (IA):
1. La promesa de la presencia permanente de Jesús: “Yo estaré siempre con ustedes”, especialmente a través del Paráclito, en el contexto de las despedidas y la Eucaristía.
2. El Espíritu como Paráclito/abogado defensor: Dios está “de parte nuestra”, habita en cada persona, nos defiende incluso en nuestra fragilidad y no actúa como fiscal que condena.
3. El discernimiento de voces interiores y sus frutos: distinguir la voz acusadora que destruye (demonio) de la voz del Espíritu que impulsa a amar, perdonar, compartir, hacer comunidad y no ser duros con nosotros mismos
TRANSCRIPCIÓN COMPLETA DE LA HOMILÍA
1. Las despedidas de Jesús
Este domingo escuchamos otro texto de los que se llaman “de las despedidas de Jesús”. El domingo que viene vamos a celebrar la Ascensión y después Pentecostés, termina este tiempo en el que Jesús resucitado aparece y desaparece. Y ya los discípulos no lo van a ver de esa manera.
2. El Paráclito: abogado defensor del débil
Y entonces la liturgia nos trae estos textos que nos recuerdan los momentos en los que Jesús asegura que va a estar siempre. Y en la última escena, que es el pasaje que acabamos de escuchar, el Señor les dice a los discípulos “Yo estaré siempre con ustedes”. Me voy, pero van a recibir el Paráclito, es la palabra que se usa. ¿Qué quiere decir paráclito?
Paráclito es el que defiende, el que cuida, el abogado defensor, el que está de parte del débil. Jesús usa esa palabra y la tradición conserva esa palabra para decir que Dios está con nosotros de parte nuestra.
Y el que defiende, defiende a alguien que ha sido atacado. El abogado defensor es necesario porque alguien está en un juicio, porque alguien ha sido denunciado o porque la situación genera una duda y parece que se ha cometido un delito. Entonces es cuando aparece el abogado que defiende. El abogado defensor muchas veces, habitualmente, defiende a alguien que es culpable, porque el que es culpable también necesita defensa para que tenga exactamente y nada más que la pena que le corresponde. Jesús está diciendo algo muy profundo. Yo me voy a quedar con ustedes como un espíritu que los va a defender de lo que pase también si lo que hacen está mal.
3. Voces que acusan y voz que defiende
Este espíritu defensor no va a estar flotando por el aire, lo dice después el Señor, yo me quedaré en ustedes. Ese espíritu no está en lugares especiales, la iglesia, los curas, está en cada uno de nosotros. En cada uno de nosotros están esos espíritus, esas voces que nos defienden.
Como están también algunas voces que nos atacan. Todos tenemos en nuestro corazón voces que nos dicen está mal, no pudiste, no vas a poder, sos un desastre. ¿Saben cómo se llaman esas voces en la Biblia? Se las llaman las voces del acusador. El acusador es el demonio. Todas esas voces que nos dicen que no servimos para nada no son las que vienen de Dios. El espíritu de Jesús que se queda con nosotros está en esa voz que siempre nos defiende.
4. Frutos de seguir al buen Espíritu
Ah, entonces se puede hacer cualquier cosa. No, justamente por eso no se puede hacer cualquier cosa. Si seguimos esa voz, si somos fieles a ese espíritu, lo dice el Señor en el mismo texto que acabamos de escuchar, entonces se amarán, entonces van a compartir. Cuando nos dejamos llevar por el espíritu de Dios que está en nuestro corazón, hacemos comunidad, perdonamos, acompañamos.
Cuando nos dejamos llevar por el mal espíritu que nos dice que somos malos, que no servimos para nada, nos resentimos, nos encerramos, nos metemos para adentro y no somos capaces de compartir.
5. No estamos solos: presencia de Jesús en nuestro corazón
El Señor se queda. Nos lo repite varias veces. Nos dice, yo voy a estar con ustedes. No va a estar caminando como caminaba por Galilea. No lo vamos a encontrar cuando vamos a la estación. Va a estar en nuestro corazón y en esa voz de nuestro corazón que siempre nos invita a amar, a perdonar, a compartir y a no ser duros con nosotros mismos, a no acusarnos, a no juzgarnos. ¿Es un abogado? Sí, pero defensor. No es el fiscal Dios, es el abogado defensor.
6. La Eucaristía, signo de su presencia fiel
Y eso es lo que nos dice el Señor en la última cena, cuando se está despidiendo y cuando un minuto después va a tomar el pan y decir, esto es mi cuerpo, esto es mi sangre. Que es lo que vamos a hacer nosotros ahora. Vamos a compartir la Eucaristía, vamos a volver a partir el pan, a compartir su cuerpo, a compartir su sangre y a recibir la certeza de un Jesús que está con nosotros y nos acompaña en este mundo, en este tiempo.
Con todo lo que pasa, no estamos solos. Lo que pasa en el mundo y lo que pasa en nuestros corazones, no estamos solos. El Espíritu Paráclito, el abogado defensor está con nosotros.


