Pan de vida

Jesús dijo a los judíos: «Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. El que coma de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré, es mi carne para la vida del mundo.»

Discutían entre si los judíos y decían: «¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?» Jesús les respondió: «Les aseguro que, si no comen la carne del Hijo del hombre, y no beben su sangre, no tendrán vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré el último día. Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él.

Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene vida, vivo por el Padre, de la misma manera el que me come vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre.» Esto lo dijo enseñando en la sinagoga, en Cafarnaúm.

Jn 6, 51-59



Síntesis en tres puntos (IA):

1 Corpus Christi afirma la fe en la presencia de Jesús en la Eucaristía:

en el pan y el vino consagrados, y en el pan reservado en el altar.

2 El misterio se acoge más por confianza y experiencia que por comprensión inmediata:

es una palabra “difícil”, que la Iglesia entiende progresivamente al vivir una vida nueva alrededor de la mesa eucarística.

3 La presencia real implica también nuestra presencia y transformación:

la Eucaristía nos hace “un solo cuerpo”, sostiene la vida concreta (dolores, problemas, enfermedad) y nos envía como portadores de Cristo en la vida cotidiana.


Transcripción de la homilía

Celebrar la presencia real

Celebramos hoy, con toda la Iglesia, la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo, la tradicional fiesta del Corpus Christi. En este día no recordamos la institución de la Eucaristía, que se recuerda el Jueves Santo, el Jueves Santo recordamos el momento en el que Jesús en el pan y en el vino se queda para siempre y en torno a ese pan y a ese vino se va formando la Iglesia.

Después de muchos siglos algunos empezaron a cuestionar que realmente estuviera presente Jesús en el pan y en el vino, y entonces la Iglesia establece esta fiesta del Corpus Christi para reafirmar la verdad de la fe de que el Señor realmente está presente en el pan y en el vino cuando celebramos la Eucaristía, y en el pan consagrado que conservamos en el altar.

Palabras difíciles, confianza y experiencia de la comunidad

Y esta manera de quedarse Jesús, esta manera de hablar, esta manera de decir el que no me coma y no beba mi sangre, no tiene vida, a los judíos les resultó sumamente chocante. De hecho, la escena siguiente a esta nos muestra a muchos que se van y dicen que es inútil seguir escuchando y lo tratan como si estuviera loco. Incluso Jesús les pregunta a los discípulos, ¿ustedes también quieren irse? Y un grupito se queda. El grupito que se queda no entendió mejor que los que se fueron, porque realmente eran palabras difíciles de entender, pero confían en Jesús y se quedan.

Seguramente Jesús sabía muy bien que lo que decía era muy difícil de entender para quienes escuchaban. Muchas veces uno tiene que decir cosas que al otro le resulta difícil de entender. Esto lo saben muy bien ustedes los que tienen hijos. Muchas veces uno a un hijo le dice algo para que lo entienda muchos años más tarde. El Señor está anunciando algo que se va a ir entendiendo muy de a poquito a lo largo de los siglos. Y se va a ir entendiendo cuando se experimente que realmente en torno a ese pan y a ese vino hay una vida nueva y diferente. La Iglesia va anunciando esa presencia de Jesús en el pan y en el vino porque la experimenta. Además la teología la explica, pero la clave está en la experiencia de la comunidad que siente y sabe que se encuentra con Jesús cuando celebra la Eucaristía.

Pero esa insistencia en la presencia real de Jesús en el pan y en el vino no podemos separarla de la presencia real nuestra cuando celebramos ¿Jesús está realmente presente? Sí, sin ninguna duda. ¿Nosotros estamos realmente presentes cada vez que venimos a celebrar? ¿Realmente venimos con toda nuestra vida? ¿Realmente la Eucaristía transforma nuestra vida? ¿Realmente cada celebración nos hace un cuerpo como decía la lectura que recién escuchábamos? ¿Realmente en el medio de los dolores, los problemas, la falta de plata, las enfermedades sentimos que la Eucaristía es lo que nos sostiene, lo que nos mantiene en pie? La presencia real de Jesús no se refiere solamente a la presencia real de Él en el pan y en el vino. Se refiere también a la presencia real de Él en nosotros y en la comunidad.

La Eucaristía que nos hace Cuerpo y nos envía

Realmente el Señor está presente en el pan y en el vino que hace la comunidad y al hacer la comunidad se hace presente en cada uno de nosotros. Y cuando nosotros después vamos a nuestra casa, a nuestro lugar de trabajo o a donde sea, somos portadores de esa presencia real de Jesús en nuestros corazones. Esa es la maravilla de lo que estamos celebrando. No estamos celebrando solamente algo que pasa en el altar. Estamos celebrando algo que pasa en nosotros, en cada uno de nosotros, gracias a lo que pasa en el altar.



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Un comentario

  1. Jorge, creo que la Eucaristía me transforma al recibirla, y en momentos inmediatos. Sin embargo, cuesta que esa transformación continúe a lo largo de la semana. Como vos decís, debemos esforzarnos para mantener en nosotros a ese Jesús que recibimos en la Eucaristía.
    Afectuoso abrazo,
    Jorge

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