Grande es tu fe

Jesús partió y se retiró al país de Tiro y de Sidón. Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: «¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio». Pero él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: «Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos». Jesús respondió: «Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel».

Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: «¡Señor, socórreme!». Jesús le dijo: «No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros». Ella respondió: «¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!».

Entonces Jesús le dijo: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!». Y en ese momento su hija quedó curada.

Mt 15, 21-28



Síntesis en tres puntos (IA):

1 Jesús cruza una frontera de desprecio

Va a Tiro y Sidón, territorio considerado impuro y enemigo por los judíos. Se mete deliberadamente en un espacio de distancia, prejuicio y conflicto.

2 La fe de la mujer cananea transforma el encuentro

La mujer insiste, acepta incluso el lugar humillante que le asignan, pero desde ahí expresa una fe enorme. Jesús reconoce esa fe y muestra una apertura sorprendente.

3 La invitación a abrir la cabeza y el corazón

El texto trae el conflicto antiguo al presente de nuestras familias y sociedades.


Transcripción de la homilía

Jesús entra en tierra despreciada

Hoy el Evangelio nos muestra a Jesús de una manera muy diferente en la que estamos acostumbrados a ver. Y cada detalle es importante. Empecemos por el principio.

Jesús va al país de Tiro y Sidón, a la región de Tiro y Sidón. Esos nombres a nosotros no nos dicen mucho. Era una región profundamente despreciada por los judíos, a donde vivían los cananeos, que eran gente idólatra que a su vez despreciaba a los judíos. Jesús se va ahí, a ese lugar.

Imaginemos nosotros un barrio o un país al que no iríamos ni locos, porque es peligroso, porque no tengo nada que hacer ahí, y porque además me desprecian. Jesús agarra a los discípulos y dice, vamos a ir a Tiro y Sidón, el peor lugar donde podía ir un judío.

Y allí se encuentra con una mujer, mujer primero, y por lo tanto despreciable en ese contexto cultural. Mujer cananea, o sea, de ese lugar, mujer despreciada por un judío, y esa mujer cananea empieza a pedirle que lo ayude.

Y Jesús en un primer momento ni contesta, con lo cual está haciendo lo que hacía un buen judío, no hablar con esa gente. La mujer insiste y los discípulos le dicen, entiéndela que nos está volviendo locos con los gritos. Y Jesús sigue sorprendiéndonos y dice, yo no he sido enviado a esta gente, yo he sido enviado a los hijos de Israel, los hijos de Israel son los discípulos. Esa gente eran los despreciados por los judíos.

La mujer vuelve a insistir y Jesús dice algo tremendo. Le dice que el pan que él tiene para dar no es para los perros, sino para los hijos. Los judíos trataban de perros a los cananeos, y los cananeos trataban de perros a los judíos. Y Jesús le contesta a esa mujer, lo que yo tengo para dar no es para los perros, sino para los hijos. Y la mujer asume ese lugar de perro y dice, pero los perros comen las migas que caen de la mesa de los hijos.

La fe que abre el diálogo

Y Jesús le dice, qué grande es tu fe, que se haga lo que vos querés. Jesús se deja enseñar por ella. Jesús en ese diálogo va cambiando. Y se deja enseñar por una persona que su cultura despreciaba absolutamente.

Y esto no es algo ocurrido sólo hace dos mil años. La región de Tiro y Sion es lo que hoy es el Líbano. Esa guerra sigue, ese odio sigue. La actitud de despreciar y ni siquiera hablar con el que piensa diferente sabemos muy bien que sigue y que no hace falta irse al Líbano o a Israel. Eso pasa también en nuestras familias.

La actitud de desprecio por el otro, por lo que él piensa o siente. Todo esto tiene una actualidad impresionante. Y Jesús, metiéndose en ese ámbito, les enseña a los discípulos un cambio de actitud que después los cristianos van a tener que llevar adelante.

Pero no se los enseña con un discurso, diciéndoles, miren, los cananeos son gente en el fondo buena, hay que tratarla bien, hay que tener la cabeza abierta. No se los enseña así. Se los enseña comportándose él como un judío intolerante y modificando él su actitud y poniéndose en la actitud de aquel que tiene algo para aprender de esa mujer cananea y por lo tanto despreciada.

Abrir la cabeza y el corazón

La enseñanza es enorme para los discípulos, para nosotros, tiene una actualidad extraordinaria y cada uno de nosotros se puede preguntar hoy ¿quiénes que yo no aprecio tienen algo para enseñarme? ¿Qué parte de mi cabeza tengo que abrir para que realmente todos quepan en mi corazón?

Porque a eso ha venido Jesús, abrir el corazón de los judíos en primer lugar y de todos nosotros a absolutamente todos.

Y de esta manera nos enseña a hacerlo: haciéndolo él antes que nosotros.


Aclaraciones:

  • El audio está editado, se eliminan las alusiones a situaciones concretas de la comunidad y los errores comunes al hablar.
  • La síntesis en tres puntos está hecha con inteligencia artificial
  • La desgrabación está hecha con inteligencia artificial y después corregida.

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