Dijo Jesús: Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en Él no muera, sino que tenga Vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijopara juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
Mt 28,16-20

Síntesis en tres puntos (IA):
1 Dios es comunión de amor, no soledad ni juez lejano
La Trinidad revela que Dios no es un ser aislado “allá arriba”, sino Padre, Hijo y Espíritu Santo: una comunidad de amor. Por eso toda la vida cristiana se vive “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.
2 Si fuimos creados a imagen de Dios-Amor, nuestra vocación es amar y vivir en comunión
Como Dios es amor y comunión, en nosotros existe una necesidad profunda de dar y recibir amor, construir vínculos, vivir en comunidad, buscar justicia, paz y fraternidad.
3 Dios nos ama porque ve en nosotros algo valioso, y creer eso nos salva
El texto insiste en que Dios no nos ama “a pesar de que no valemos nada”, sino porque conoce lo más profundo y valioso que ha puesto en nosotros. Creer en ese amor da sentido, dignidad y libertad; no creerlo nos encierra en una especie de infierno interior.
Transcripción de la homilía
1. Dios Trinidad: comunión de amor y no soledad
Celebramos la fiesta de la Santísima Trinidad que nos recuerda que Dios es Padre, Hijo, Espíritu Sano. Que Dios no es alguien solo, por ahí arriba, lejano, sino que Dios es una comunión, una comunidad, que Dios es amor. ¿Y de dónde sale esto? ¿Cómo se les ocurre a los primeros cristianos empezar a hablar de Dios de esta manera? Ellos habían heredado la tradición judía en donde la insistencia permanente era que había un único Dios y eso era lo que los identificaba porque los demás pueblos tenían muchos dioses. La diferencia entre Israel y todos los demás es que ellos creían en un único Dios, Señor del Cielo y de la Tierra.
¿Y los cristianos empiezan a hablar de Dios de esta manera tan rara? Dios es Padre, Hijo, Espíritu Santo, pero hay un único Dios. Y eso se origina en la manera que Jesús tiene de hablar. Jesús habla de Dios como su Padre, habla del Espíritu, de su Espíritu y del Espíritu de Dios y le atribuye también características de Dios, el Espíritu es Creador, por lo tanto es Dios, y habla de sí mismo haciéndose igual al Padre y atribuyéndose a sí mismo también características de Dios. Y por otra parte, como dice que hay un único Dios.
¿Qué hacemos con todo eso? Las primeras comunidades cristianas simplemente empezaron a hacer todo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. A bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. A bendecir en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. A rezar siempre dirigiéndose al Padre por el Hijo en el Espíritu Santo. Si se fijan, todas las oraciones que nosotros decimos desde el altar durante toda la misa se dirigen al Padre, pedimos algo y terminamos diciendo por Jesucristo tu Hijo en el Espíritu Santo. Todo lo hacemos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
2. Creación a imagen de un Dios-comunión: necesidad de amor y comunidad
Dios no es un Señor que está ahí arriba con barba blanca, mucho menos es un juez que nos está mirando para ver si nos portamos bien o mal. Dios es una comunión de amor. ¿Y esto qué cambia? Nos cambia a nosotros. Porque nosotros hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. Y si hemos sido creados a imagen y semejanza de un Señor que está ahí arriba, es diferente que ser creados a imagen de una comunión de amor.
Porque hemos sido creados a imagen de un Dios que es amor, hay en todos nosotros esa inmensa necesidad de dar y recibir amor. Porque hemos sido creados a imagen de un Dios que es comunión, hay en nosotros esa necesidad de comunidad, de familia, de compartir, de justicia, de vivir en paz unos con otros, de estar permanentemente construyendo entre todos vínculos que sean buenos, lindos. Hemos sido creados a imagen y semejanza de ese Dios que es amor y por eso en nosotros está esa necesidad de dar y recibir amor.
3. “Tanto amó Dios al mundo”: por qué Dios ama este mundo tal como es
Y el Evangelio que acabamos de escuchar nos recuerda que tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo. ¿Por qué Dios tiene que amar al mundo con todo lo que pasa, no? ¿Por qué Dios ama a este mundo que tantas veces lo rechaza? ¿Por qué Dios ama a este mundo con estas guerras, con estas injusticias, con estas mentiras? ¿Por qué Dios ama este mundo así como es? Fácilmente nosotros respondemos esa pregunta diciendo que Dios ama a este mundo así como es porque es tan bueno, pero tan bueno, pero tan bueno, que nos quiere a pesar de que nosotros seamos un desastre. Pero esa no es la respuesta.
Dios nos ama porque realmente nos conoce, porque sabe que más allá de todo eso que pasa hay algo valioso. Dios no nos ama porque está mal informado acerca de cada uno de nosotros. Dios nos ama porque realmente nos conoce. Los que estamos mal informados somos nosotros, que nos creemos como más importante todo eso que no podemos y no sabemos y nunca nos sale. Pero Dios que nos ama ve lo que hay en el fondo, que es lo mismo que hacemos nosotros con la gente que queremos. Cuando nosotros queremos a alguien mucho, vemos todas sus debilidades, sus errores, todas las cosas que no le salen bien, pero vamos más atrás de todo eso y sabemos que a pesar de todo eso lo queremos y esa persona es valiosa. Dios mira por detrás de todo lo que nosotros no vemos y ve que somos valiosos para Él.
4. Acoger los dones que Dios sembró en mí
Dios no nos ama solamente porque es bueno. Dios nos ama porque ha puesto en nosotros algo tan valioso como para ser amados. Y nosotros a veces nos instalamos en la otra postura: Dios me quiere porque yo soy un desastre pero Él es tan bueno. Y eso parece muy humilde, pero es mucho más fácil. Es mucho más fácil decir, bueno yo soy una porquería pero Dios me quiere igual. No, yo no soy una porquería. Dios ha sembrado en mí cosas maravillosas, extraordinarias, lindísimas, que tienen que florecer y dar fruto. Hagámonos cargo de eso. Dios ama algo que es valioso en mí y tengo que animarme a verlo y a cuidarlo y a hacerlo crecer.
Estamos hechos a imagen y semejanza de un Dios que es amor y por eso hay amor en nosotros. Podemos dar amor y recibir amor y eso es lo que nos hace personas y eso es lo que nos hace libres y eso es lo que nos da la posibilidad de ser felices, compartir, vivir como personas que tienen esa dignidad de hijos, hijos de Dios. No somos una cosa, no somos «un pecador», somos hijos. Y porque hijos, dice Pablo, herederos.
El Señor nos ha elegido, como dice el texto recién, ha dado su vida para que nosotros entendamos esto. El texto termina diciendo que Dios ha enviado a su Hijo para que el mundo crea y el que cree está salvado y el que no cree está condenado. Entonces nosotros, por una mala enseñanza que tenemos en la cabeza, decimos, ah, entonces si no tengo fe me voy al infierno. No tiene nada que ver con eso.
Cuando yo creo y confío en el amor de Dios, en ese mismo momento estoy salvado. Mi vida tiene sentido. Cuando yo no creo, cuando me creo una porquería, cuando creo que Dios no me ama, en ese mismo momento estoy perdido. En ese mismo momento mi vida ya no tiene sentido. No es una cuestión de irme al cielo o irme al infierno. Ahora la vida es distinta si yo creo que Dios es amor y me ama porque hay en mí algo que vale la pena ser amado que si yo no puedo creer eso y me instalo en que yo no sirvo para nada.
Entonces ahí estoy perdido. Pero no estoy perdido porque Dios me manda al infierno. Estoy perdido porque yo me instalo en el infierno y porque yo me instalo en no poder y en no creer en mí como Dios sí cree en mí.


