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La palabra se hizo carne

Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bienes espirituales en el cielo, y nos ha elegido en Él, antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos e irreprochables en su presencia, por el amor.
Él nos predestinó a ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, conforme al beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, que nos dio en su Hijo muy querido.
Por eso, habiéndome enterado de la fe que ustedes tienen en el Señor Jesús y del amor que demuestran por todos los hermanos, doy gracias sin cesar por ustedes, recordándolos siempre en mis oraciones.
Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, les conceda un espíritu de sabiduría y de revelación que les permita conocerlo verdaderamente. Que Él ilumine sus corazones, para que ustedes puedan valorar la esperanza a la que han sido llamados, los tesoros de gloria que encierra su herencia entre los santos.

Ef 1, 3-6. 15-18


Al principio existía la Palabra,
y la Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios.
Al principio estaba junto a Dios.
Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra
y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.
En ella estaba la vida,
y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en las tinieblas,
y las tinieblas no la percibieron.
Apareció un hombre enviado por Dios,
que se llamaba Juan.
Vino como testigo,
para dar testimonio de la luz,
para que todos creyeran por medio de él.
Él no era la luz,
sino el testigo de la luz.
La Palabra era la luz verdadera
que, al venir a este mundo,
ilumina a todo hombre.
Ella estaba en el mundo,
y el mundo fue hecho por medio de ella,
y el mundo no la conoció.
Vino a los suyos,
y los suyos no la recibieron.
Pero a todos los que la recibieron,
a los que creen en su Nombre,
les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.
Ellos no nacieron de la sangre,
ni por obra de la carne,
ni de la voluntad del hombre,
sino que fueron engendrados por Dios.
Y la Palabra se hizo carne
y habitó entre nosotros.
Y nosotros hemos visto su gloria,
la gloria que recibe del Padre como Hijo único,
lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de Él, al declarar:
«Éste es Aquél del que yo dije:
El que viene después de mí me ha precedido,
porque existía antes que yo».
De su plenitud, todos nosotros hemos participado
y hemos recibido gracia sobre gracia:
porque la Ley fue dada por medio de Moisés,
pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.
Nadie ha visto jamás a Dios;
el que lo ha revelado es el Dios Hijo único,
que está en el seno del Padre.

Jn 1, 1-18


TRANSCRIPCIÓN HOMILÍA:

La palabra se hizo carne

En este segundo domingo de Navidad, las lecturas nos relatan nuevamente el misterio que celebramos en Navidad, pero de una manera completamente diferente. Ya no se habla del pesebre, de María, de José, del Niño, ya no se habla de los pastores, ahora, la segunda lectura de San Pablo nos habla de Cristo, que ha venido a nosotros, en quien fueron creadas todas las cosas y que habita en los corazones de cada uno de nosotros. Y la oración de Pablo se dirige al Padre, pidiéndole al Padre que nosotros seamos conscientes de la esperanza a la que hemos sido llamados.

¿Qué hay detrás de todo esto? 

Han pasado ya unos cuantos años. Pablo se convierte al cristianismo unos veinte años después de Jesús. Pablo no conoce a Jesús de Nazaret caminando por los caminos y curando gente. Pablo conoce a Jesús cuando va caminando hacia Damasco y siente una voz que le dice “yo soy Jesús a quien tú persigues”. El conocimiento que tiene Pablo de Jesús no es como el que tienen Pedro y los apóstoles. Pedro y los apóstoles lo conocen porque convivieron con él y caminaron con él por los caminos de Galilea. Pablo lo conoce porque suene una voz en su corazón. 

Y por eso, después Pablo lo va a ver a Pedro y le reclama algunas cosas porque Pablo va a predicar el Evangelio de Jesús de una manera distinta de cómo la estaba predicando Pedro. Y entre otras cosas le va a decir a Pedro que no se puede exigir más la circuncisión y que no se puede seguir viviendo como vivían los judíos. Y abre todo el mensaje cristiano al mundo conocido de entonces. A Grecia, a Roma, la primera vez que se usa la palabra cristiano es en Antioquía, bastante lejos. ¿Y por qué les dicen cristianos y no “jesucianos”, seguidores de Jesús? Porque al que siguen es al Cristo, a Jesús resucitado, vivo. Actuando. Manifestándose en los corazones de las personas y manifestándose en la Eucaristía y en la palabra que acabamos de escuchar. 

Las comunidades cristianas, pasados unos años, como en el caso de Pablo y lo vamos a ver ahora también de Juan, ya no se refieren a Jesús ese que vivió. El hijo de María. Sí, es el mismo, ya sé que es el mismo, pero nosotros lo encontramos ahora. Ellos, cuarenta o cincuenta años después. Cuarenta o cincuenta años después en un tiempo en el que la esperanza de vida era del treintipico, o sea que había pasado un montón de tiempo. Habían pasado varias generaciones. De lo que ellos hablan ya no es de un Jesús que vivió en Galilea, sino de un Jesús vivo con el que se encuentran, que celebran, que sienten presente en sus corazones. 

Y esto es importante porque esta es la realidad nuestra. Nosotros tampoco conocimos a Jesús caminando por Galilea. Si nosotros estamos acá es porque de alguna manera lo conocimos en nuestro corazón a través de la abuela, a través del catequista, a través de quien quieras, pero en un momento nosotros dijimos sí, quiero, creo y empiezo a seguirlo. Juan, acabamos de escuchar el prólogo del Evangelio de Juan, no habla ni de María, ni de José, ni del pesebre. Dice, la palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. La palabra es la palabra Dios, se hizo carne. La palabra carne es fragilidad, es pecado, es todo lo contrario de Dios. Dios se hizo todo lo contrario de Dios y habitó entre nosotros. Dios está cerca. 

Dios está entre nosotros, por eso no la recibieron. La luz brilló en las tinieblas y las tinieblas no la recibieron, pero a los que la recibieron les dio la posibilidad de ser hijos de Dios. Cuando decimos que sí, creemos en la presencia de Dios que está en nosotros, en la Eucaristía, en esta palabra que acabamos de escuchar, en la comunidad, actuando en la vida, entonces empezamos a ver la vida de una manera diferente. No nos quedamos en el relato del pesebre.

Traemos a Jesús hasta aquí y empezamos a vivir como cristianos, como quienes tienen un vínculo con Jesús, porque todos nosotros que estamos hoy acá, estamos hoy acá porque cada uno de nosotros tiene un vínculo con Jesús. Le reza, le habla, le cuenta lo que pasa. Para nosotros no es un personaje del pasado, está vivo, está en nosotros.

La maravilla que celebramos en la Navidad es que el Señor se hizo carne, ¡nosotros somos la carne!, y habitó entre nosotros, a pesar de que nosotros seamos carne, fragilidad, pecado, incapacidad para tantísimas cosas. Dios realmente está cerca. 

Y esto agrega una sola cosa más que quisiera decirlo también, porque es importante en este tiempo. En este tiempo estamos bastante acostumbrados a reemplazar la Eucaristía, esto, juntarnos y compartir el pan y el vino, por las pantallas. Y escuchamos esto mismo que estoy diciendo yo en el teléfono, en la compu, en la televisión. No es suficiente. La Palabra se hizo carne, se hizo comunidad. El Señor se hace presente cuando lo celebramos juntos. El Señor no se hizo una frase, el Señor no se hizo una charla linda del Padre Tal, el Señor se hizo carne, comunidad, presencia real en nuestras vidas.

Y cuando dentro de un momento yo diga esto es mi cuerpo y esto es mi sangre, por la oración de todos nosotros, ahí está su cuerpo y ahí está su sangre. Ese es el nacimiento. Eso es lo impresionante. No que hace dos mil años nació en un pesebre, que también es impresionante. Lo impresionante es que nace hoy, en la medida que queramos abrir el corazón y dejarlo nacer hoy en nuestro propio corazón.




4 pensamientos en “La palabra se hizo carne”

  1. Hermosisima reflexion padre.
    Llega al corazon y a la mente para comprender el verdadero significado del Evangelio de hoy.
    Gracias!
    Bendecido 2026

  2. Luis Alberto Strazzolini

    El padrr Jorgre tiene el don de, al menos a mi, sorprenderme , revolver y poner en claro las citas evangellcas

  3. Gracias, padre Jorge por ayudarme a profundizar mis reflexiones, para llegar al verdadero encuentro con Jesús
    Feliz año nuevo! Bendiciones!

  4. ¿Será que nadie se salva solo?
    ¿Será que nos hacemos humanos con “el otro” ( y no marcando las imágenes que tienen semáforos)?
    Y ahí lo dejo.

    Abrazo Jefe!!!!

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