Invitados a una fiesta

Jesús les habló otra vez en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: «El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo. Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir… (entonces) dijo a sus servidores: “El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él. Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren … buenos y malos”. Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados.

Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta. “Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?”. El otro permaneció en silencio. Entonces el rey dijo a los guardias: “átenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes”. Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos».

Mt 22, 1-14




Síntesis en tres puntos:

El Reino de los Cielos como una fiesta. 

Jesús nos invita a compartir la alegría y la vida, no simplemente a pertenecer a una institución o aceptar una doctrina.

Una invitación abierta a todos. 

Nadie queda excluido por su condición social ni por ser considerado bueno o malo: también son invitados aquellos que otros desprecian.

El amor como respuesta a la invitación. 

El “traje de fiesta” se interpreta como la disposición a amar. Participar de la comunidad y de la Eucaristía implica querer a los demás y llevar ese amor a la vida cotidiana.


Transcripción de la homilía:

El Reino se parece a una fiesta

Estos domingos estamos escuchando una serie de parábolas que Jesús les dice a las autoridades judías, a los sacerdotes, a los sumos sacerdotes y a los ancianos. No se dice en el texto, pero seguramente esto es en el Templo.

Esta gente le está tomando el examen, a ver quién es ese y las cosas que dice. Y Jesús les habla del Reino de los Cielos, pero no habla del Reino de los Cielos definiéndolo de manera conceptual y diciendo que el Reino de los Cielos es esto y esto y esto, sino que va contando parábolas, cuentitos, que nos permiten imaginar qué es lo que Jesús dice cuando habla del Reino de los Cielos, pero que nos deja a cada uno de nosotros con la necesidad de terminar el cuento.

Porque escuchamos el relato de Jesús, el relato nos habla de cómo es el Reino de una manera muy amplia y eso nos permite a nosotros aterrizarlo en nuestra vida. A ver, ¿qué significa para mí escuchar estos textos?

Y en el día de hoy, Jesús les dice a los sumos sacerdotes y a los ancianos que el Reino de los Cielos se parece a un hombre que organizó una gran fiesta. Primer dato, estamos invitados a una fiesta. El Reino de los Cielos no nos convoca a un seminario en la Facultad de Teología. No nos convoca a una asamblea política. No nos convoca a un desfile militar. Nos convoca a una fiesta. Y esto, que ya les llamaría bastante la atención a los sumos sacerdotes, hay que complementarlo con todo lo que son las fiestas en la vida de Jesús.

El primer signo de Jesús es en las fiestas de Caná, en las bodas de Caná. Y después, en muchos momentos, habla de las fiestas tanto que en algún momento, hablando mal de él, se dice que era un comilón y un borracho. La imagen que se tiene de Jesús es de alguien que está en las fiestas y participa de ellas.

Cuando busca la manera de transmitirles a estos personajes cómo es el Reino, vuelve a usar la imagen de la fiesta. El Reino se parece a un rey que organizó una gran fiesta, pero los invitados no fueron. Eso va dirigido a quienes le están tomando examen. Se supone que los invitados son ellos, pero no están yendo a la fiesta.

Una invitación abierta a todos

Organizó una gran fiesta, pero los invitados pusieron distintas excusas y no fueron. Entonces les dice, bueno, vayan a los cruces de los caminos y traigan a toda la gente que encuentren. La palabra “los cruces de los caminos” no es lo mismo que los caminos. En los cruces de los caminos se juntaban los que pedían limosna. ¿Qué está haciendo Jesús? Está diciendo, esta invitación que ustedes no están escuchando, la van a escuchar esos que ustedes desprecian. Esos que están pidiendo limosna en los cruces de los caminos son los que van a venir acá a tener la fiesta que ustedes no quieren participar.

Si la parábola terminara así, estaríamos todos muy contentos y diríamos, qué bien, mira qué lindo, el Señor nos invita a una fiesta. Pero el Señor siempre da una vueltita más y al final se dice que aparece alguien que no tenía el traje de fiesta y que es expulsado.

El traje de fiesta es el amor

¿Qué significa eso? ¿Por qué el pobre hombre que estaba pidiendo limosna en los cruces de los caminos ahora resulta que tiene que venir vestido de qué? ¿Qué es el traje de fiesta? Esos que son invitados sin mirar, dice el texto, que no importa si son buenos o malos, (eso también a los jefes del pueblo los debe haber puesto muy nerviosos) No es una cuestión moral, pueden venir todos, pero una vez que están ponen una condición para uno.

Y no nos dice el texto qué es ese traje de fiesta que se exige para estar presente, pero podemos mirar un poquito más amplio y preguntarnos en qué otras fiestas está Jesús y si nos fijamos, la Última Cena es la fiesta más importante y en la Última Cena está Judas y la Última Cena se continúa hoy acá celebrando esta misa. La última cena no terminó nunca. La última cena es el principio de esta manera de estar presente Jesús y hay una condición en la última cena: amense unos a otros. El signo del pan y del vino va unido al lavatorio de los pies y al mandamiento del amor.

Nadie nos pregunta nada cuando venimos acá. Todos nosotros venimos traídos de los cruces de los caminos, no importa si somos buenos o malos, pero sí importa si nos queremos querer, si queremos responder a esa invitación al amor.

Ser cristiano no es formar parte de una institución bien organizada, es formar parte de una comunidad que se quiere y que quiere a todos y que es capaz de escuchar estos textos y aplicarlos a la vida de todos los días. Estamos invitados a una fiesta, a esta fiesta. Hoy cada uno de nosotros respondió viniendo.

El Señor se va a hacer presente dentro de un momento en el pan y en el vino, se hizo presente ya en su palabra y se hace presente en el corazón de cada uno de nosotros.


Aclaraciones:

  • El audio está editado, se eliminan las alusiones a situaciones concretas de la comunidad y los errores comunes al hablar.
  • La síntesis en tres puntos está hecha con inteligencia artificial
  • La desgrabación está hecha con inteligencia artificial y después corregida.

Compartir esta reflexion >

Posts relacionados

Señora del Buen Viaje

María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas ésta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su vientre, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: “¡Tú eres bendita entre

Continuar leyendo »

Sí, pero no

Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos y, dirigiéndose al primero, le dijo: ‘Hijo, quiero que hoy vayas a trabajar a mi viña’. El respondió: ‘No quiero’. Pero después se arrepintió y fue. Dirigiéndose al segundo, le

Continuar leyendo »

Los primeros y los últimos

Jesús dijo a sus discípulos: Muchos de los primeros serán los últimos, y muchos de los últimos serán los primeros, porque el Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña. Trató con ellos un denario por

Continuar leyendo »

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Colaborar

Gracias por tu generosidad. Aquí están los datos para colaborar:

Alias Banco Santander

Alias Mercado Pago

«Tu colaboración hace posible que estas reflexiones sigan llegando a más personas.»