Ir al contenido

Resucitó

El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó. Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos.

Jn 20, 1-9



SÍNTESIS EN TRES PUNTOS (IA):

1. La resurrección no irrumpe como fiesta triunfal sino como un camino de sorpresa y búsqueda de sentido para discípulos que no entienden del todo lo que ocurre.

2. Desde el comienzo, el Evangelio se transmite de persona a persona, en la vida compartida y en la palabra sencilla, y así sigue llegando hoy, en la familia, la amistad y la comunidad.

3. La señal concreta de creer en la resurrección es un modo distinto de vivir: una manera sorprendente de quererse, compartir y acompañarse que haga preguntarse a los demás qué ha cambiado en nuestra vida


TRANSCRIPCIÓN COMPLETA DE LA HOMILÍA:

Estamos celebrando con toda la Iglesia esta fiesta que nos recuerda la resurrección de Jesús, que comenzamos a celebrar anoche y que vamos a prolongar durante todo el año, porque cada domingo volvemos a celebrar la fiesta de la resurrección del Señor. 

Y el relato que nos narra este momento es muy curioso. No encontramos a los discípulos festejando, diciendo ¡Resucitó! y organizando una fiesta. Primero vemos a María Magdalena de noche, en la madrugada, que llega y ve que corrieron la piedra. Es todo lo que ve. ¿Y cuál es su reacción? Ir a decirle a Pedro se han llevado al Señor y no sabemos dónde lo han puesto No dice a resucitó. No dice Jesús está vivo. Está tratando de entender, como puede, una cosa muy rara. Pedro y Juan van corriendo al sepulcro y encuentran las cosas como había dicho Magdalena, y se termina toda la escena diciendo que Juan dice que todavía no habían entendido que Jesús tenía que resucitar de entre los muertos.

La imagen que se transmite no solamente no es la de una gran fiesta  ¡Jesús resucitó se acabaron todos los problemas! sino la de unos discípulos muy sorprendidos con lo que está ocurriendo. Y hay algo que se repite a lo largo de muchas narraciones y es que siempre van todos corriendo de un lado para el otro contándose lo que está pasando, contándose lo que no entienden muy bien qué significa. Y así comienza la vida de la Iglesia y así comienzan a crecer nuestras comunidades hasta hoy. El Evangelio se transmite así. 

Miremos una cosa, cuando esta gente comienza a transmitirse unos a otros la buena noticia de la resurrección, obviamente no se habían escrito los Evangelios. Es más, faltaban más de 50 años para que se escribieran los Evangelios. Esta gente empieza a transmitirse boca a boca lo que van diciendo unos a otros y la buena noticia de Jesús se va transmitiendo así. Y saben una cosa, aunque después se escribieron todos los Evangelios, aunque después se fundó la Iglesia, aunque después tengamos todos los medios de comunicación habidos y por haber, el Evangelio se sigue transmitiendo persona a persona, de la abuela a los nietos, de los padres a los hijos, entre amigos, entre gente conocida. En la medida que vamos viendo unos y otros que Jesús resucitó le cambia la vida al otro y nos cambia la vida a nosotros.

Las primeras comunidades van creciendo mucho en medio de todo tipo de dificultades y de persecuciones. ¿Por qué crecen tanto? ¿Por qué la gente empieza a seguir a ese grupo de gente que decía que Jesús había resucitado? Lo cual era medio un disparate, ¿no? Lo dice el mismo texto. Lo que llamaba la atención era cómo se amaban. Lo que impresiona es que esa gente que creía en la resurrección de Jesús se amaba de una manera sorprendente. Lo que llamaba la atención era la capacidad que tenían de compartir de acompañarse. Sus vidas habían cambiado. Los que creían en la resurrección de Jesús vivían de una manera diferente de los que no creían en la resurrección de Jesús. 

Y esto nos plantea una pregunta a nosotros dos mil años después. Los que estamos aquí venimos hoy porque es Pascua y creemos en la resurrección de Jesús. La gente que nos conoce, la familia, los amigos, la gente que vamos a ver esta tarde, ¿está asombrada de cómo vivimos nosotros? ¿Vivimos de una manera diferente? ¿Nos queremos de una manera diferente a como se quiere la mayoría de la gente? ¿Nuestra fe en la resurrección realmente cambia nuestra vida y nos hace personas distintas? Y ese distinto, ¿en qué tiene que consistir? ¿Qué somos los más buenos, los más inteligentes, los más…? No, el distinto está en cómo se quieren. A lo mejor, seguramente, ciertamente, no somos ni los más inteligentes ni los más buenos. Pero podemos ser los que más nos queremos a pesar de no ser ni los más inteligentes ni los más buenos. Y en realidad la única diferencia que importa es esa. 

Las primeras comunidades, estos primeros discípulos que van transmitiéndose unos a otros la buena noticia de Jesús, empiezan a armar comunidades que se quieren. ¿Y cómo se arma esa comunidad? Se juntan los domingos para recordar que Jesús está vivo, comparten el pan y el vino, como Jesús había dicho que había que hacerlo, y empiezan a recordar las cosas que sabían que Jesús había enseñado.

Desde el primer momento, las comunidades cristianas crecen haciendo esto que estamos haciendo acá, escuchando textos y dentro de un ratito, compartiendo el pan y el vino convertidos en el cuerpo y la sangre de Jesús, un domingo. Desde hace dos mil años, la Iglesia crece así y así vamos caminando y haciendo presente en este tiempo, en este mundo, a Jesús que está resucitado. Y podemos decir “qué poquito, ¿no?” Con todos los medios que hoy tenemos, con todas las transmisiones que podemos hacer, todas las redes, con la televisión, con todo lo que hay, ¿qué vamos a hacer? ¿Nada más que celebrar la misa los domingos? Parece que no es tan poco. Desde hace dos mil años, es la manera que Jesús está presente. Parece que no es tan poco.

Hoy, en todo el mundo, como nosotros, ahora acá, está lleno de comunidades haciendo esto mismo que estamos haciendo, escuchando estos mismos textos y reflexionando sobre estas mismas realidades. En los diarios, nos enteramos de cómo va la guerra, de cuánto cuesta el petróleo, pero en la vida de todos los días, lo que está realmente pasando, sin que aparezca en ningún diario, es que una enorme cantidad de comunidades repiten este gesto desde hace dos mil años. Y Jesús se hace realmente presente en el pan, en el vino, en la palabra y transforma la vida de cada una de esas personas que participan de esa Eucaristía.

Vamos a darle gracias a Dios porque ha querido quedarse vivo con nosotros y no de manera espectacular. Ha querido quedarse vivo en nuestros corazones, en nuestras familias, en nuestra manera de relacionarnos y de querernos, en nuestra manera de equivocarnos y arreglar lo que nos equivocamos, en nuestra manera de vivir. Vamos a darle gracias porque el Señor realmente está presente y está presente en nosotros, en el corazón de cada uno de nosotros.




4 pensamientos en “Resucitó”

  1. Como siempre P.Jorge muy iluminadora tu homilía.Muchas Gracias por hacernos ver que Dios siempre esta entre nosotros.

  2. Celebro la conclusión padre Jorge. Dios ha querido quedarse con nosotros con nuestras relaciones , nuestros aciertos y fallos también. Gracias

  3. “…en nuestra manera de equivocarnos y arreglar lo que nos equivocamos….”
    Me quedo con eso, (aunque en lo personal, me resulte muy difícil entender y aceptar los dogmas de fe).
    Reitero, me quedo con eso, que interpreto que es el aprendizaje que debemos transitar para “recibirnos de humanos”.

    Abrazo Jefe!!!!

Responder a María Cristina Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *