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¡Escuchen!

Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz. De pronto se les aparecieron Moisés y Elías, hablando con Jesús.

Pedro dijo a Jesús: ‘Señor, ¡qué bien estamos aquí! Si quieres, levantaré aquí mismo tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías’. Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y se oyó una voz que decía desde la nube: ‘Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo’. Al oír esto, los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor.

Jesús se acercó a ellos y, tocándolos, les dijo: ‘Levántense, no tengan miedo’. Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo. Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: ‘No hablen a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos’

Mt 17, 1-9



SÍNTESIS EN TRES PUNTOS (IA):

  1. El encuentro con Jesús revela que toda la historia de Israel y nuestras propias historias reciben un sentido nuevo cuando se dejan iluminar por su luz.
  2. La palabra del Padre “Este es mi Hijo, escúchenlo” indica que la actitud central del discípulo no es instalarse en experiencias consoladoras (las “tres carpas”), sino ponerse en camino escuchando y siguiendo a Jesús.
  3. Las primeras palabras que escuchamos son “Levántense, no tengan miedo”: el encuentro con Jesús no es para huir del mundo, sino para atravesar el dolor, las guerras, las injusticias y los problemas cotidianos con confianza en Él y una vida renovada.


TRANSCRIPCIÓN COMPLETA DE LA HOMILÍA:

En el segundo domingo de este tiempo de Cuaresma, la Iglesia nos presenta esta imagen de Jesús en la montaña transfigurado. El domingo pasado veíamos a Jesús en el desierto, un lugar de soledad, de peligro, de tentación. Hoy lo vemos en la montaña.

La montaña, en toda la tradición de Israel, es el lugar del encuentro con Dios. La montaña está más alta, más cerca del cielo, un lugar para encontrarse con Dios. Lo que se está diciendo es que Jesús eligió a sus discípulos más cercanos para ir al encuentro con Dios, a un lugar en donde podían encontrarse con Dios. A diferencia del desierto, que era un lugar apartado y peligroso donde Jesús es tentado por el demonio, ahora nos encontramos con Jesús yendo a la montaña, en un lugar alto, a encontrarse con Dios. 

Y la escena está cargada de signos y de enseñanzas. Se nos dice que Jesús se transfiguró, que radiaba una luz y una belleza que nos deja perplejos a los discípulos. Que aparecen Moisés y Elías, esto simboliza todo el Antiguo Testamento, aparece la historia de Israel, iluminada por esa luz que sale de Jesús. La escena se parece a la que después va a haber en el Camino a Emaús, en donde Jesús a los discípulos les explica toda la Escritura en lo que se refiere a Él. Jesús le da un sentido nuevo a toda la historia de Israel y a todas nuestras historias, en la medida que las vemos iluminadas por la luz de Jesús, que también se transforman. 

Y entonces ocurre algo curioso. Pedro, que poco antes había medio discutido con Jesús, porque Jesús le había dicho que tenía que padecer y morir, y Pedro le había dicho, no, no vas a padecer, ¿cómo puede ser?… Y Jesús le había dicho, “tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres”. Pedro se negaba a aceptar el final de Jesús, el final que Jesús anunciaba, y en última instancia nos representa a todos, porque se negaba a aceptar que fuera necesario pasar por el dolor y por el sufrimiento. 

Ese mismo Pedro, ante esta visión, ¿cómo reacciona? Dice, “qué bien que estamos acá, hagamos tres carpas”, esto quiere decir, instalémonos. Ellos cuando se quedaban en un lugar, montaban una carpa y se quedaban mucho tiempo. Hagamos tres carpas, instalémonos acá que nos sentimos tan bien… Pedro está pensando en él. Pedro está haciendo lo mismo que hacemos todos nosotros, cuando en la oración o en distintos momentos nos sentimos muy bien y entonces queremos atrapar ese momento y que ese momento no termine nunca. Hagamos tres carpas, olvidémonos de todo lo demás, disfrutemos.

Y en ese momento aparece una voz desde la nube: “Este es mi hijo, escúchenlo”. Hasta ahora todo eran luces, cosas que se veían, y de golpe se introduce la idea de escuchar. Lo que hay que hacer con Jesús es escuchar. Estén atentos a lo que les va a decir. Esto quiere decir, “síganlo”… Esto es lo contrario de lo que estaba queriendo hacer Pedro, instalémonos y ya está. No, escuchen, caminen, pónganse en movimiento. 

Y se dice que inmediatamente después de esa voz, los discípulos quedan muy asustados y Jesús pronuncia las primeras palabras que hay que escuchar: “Levántense, no tengan miedo”. ¡Las veces que Jesús lo dice! … “no tengan miedo”… Eso es lo primero que hay que escuchar.

Jesús dice después a los discípulos, “no digan a nadie esto hasta que yo lo resucite de entre los muertos”. Estos pobres ya no sabían ni en qué pensar después de ver todo lo que veían y de que les anunciara de que él tenía que morir y resucitar. Y se guardan eso en su corazón y esto lo cuentan muchísimo después, cuando Jesús ya había resucitado y este episodio adquiere una dimensión completamente diferente.

A nosotros, que escuchamos esto dos mil años después, envueltos en muchas nubes oscuras, con una nueva guerra, con tantas injusticias, con tantos problemas en las familias, con todo lo que pasa, se nos dice, “¡escuchen!” Y si escuchamos, lo primero que vamos a oír es, “levántate, no te quedes quieto en tus tres carpitas, levántate, no tengas miedo”. El encuentro con Jesús es para levantarnos, escuchar el “no tengan miedo” y vivir de una manera diferente. Es para la vida de todos los días, no para encerrarnos acá en tres carpitas. 

La vida de Jesús, la buena noticia de Jesús, todo este camino que estamos haciendo de la Cuaresma y que termina en la Pascua, es para la vida, para cambiar nuestra vida, no para encerrarnos, no para quedarnos quietos, no para caer en la tentación de Pedro, “que lindo este momento, que no se pase nunca”… Cuando pasa la voz, dice el texto, Jesús estaba solo, ya no está todo el Antiguo Testamento, ahora Jesús está solo, los tiene solamente a ellos tres, y con ellos tres vuelve a la llanura, vuelve a la vida cotidiana.

Poco después empezarán los acontecimientos que van a terminar con la Pasión, y estos discípulos van a vivir esos acontecimientos acordándose de esto. Jesús nos quita el miedo, pero no nos quita el miedo diciendo “no te preocupes, no pasa nada”, nos quita el miedo mostrándonos que se puede atravesar lo que haya que atravesar con la confianza en Él y con la seguridad de que Él está con nosotros.





2 pensamientos en “¡Escuchen!”

  1. Dejarnos iluminar por su luz,escucharlo y ponernos en camino hasta la Cruz.No tener miedo confiarnos en Jesús. ÉL RENUEVA NUESTRA VIDA!🕊🙏🌸🌿🥰🫂👣🌿❤️

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