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Si tú eres hijo…

Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio. Después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, sintió hambre.

Y el tentador, acercándose, le dijo: ‘Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes’. Jesús le respondió: ‘Está escrito: El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios’.

Luego el demonio llevó a Jesús a la Ciudad santa y lo puso en la parte más alta del Templo, diciéndole: ‘Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: Dios dará órdenes a sus ángeles, y ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra’. Jesús le respondió: ‘También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios’.

El demonio lo llevó luego a una montaña muy alta; desde allí le hizo ver todos los reinos del mundo con todo su esplendor, y le dijo: ‘Te daré todo esto, si te postras para adorarme’. Jesús le respondió: ‘Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto’.

Entonces el demonio lo dejó, y unos ángeles se acercaron para servirlo.

Mt 4, 1-11



SÍNTESIS EN TRES PUNTOS (IA):

1. El mal no viene de Dios sino de la libertad humana; no es solo fragilidad o condición social, sino una realidad que también habita en nuestro propio corazón y que elegimos a veces deliberadamente.

2. Hemos pasado de una religiosidad neurótica centrada en la culpa, donde “todo era pecado”, a una cultura donde nadie parece ser responsable de nada y casi no se puede decir que algo está mal.

3. El mensaje cristiano no es vivir aterrorizados por la culpa: podemos estar en paz porque Dios es Padre, conoce nuestra capacidad de hacer el mal, nos perdona siempre y nos acompaña.


TRANSCRIPCIÓN COMPLETA DE LA HOMILÍA:

En el comienzo de la Cuaresma se nos narra siempre el principio del Libro del Génesis a donde se dice cómo entra el mal en el mundo. Lo que importa en el pasaje es mostrar como el mal está en el mundo, no porque Dios lo ha creado, sino porque el hombre que Dios ha creado es libre e introduce el mal en el mundo. Esto, en este tiempo, es importante recordarlo especialmente porque, por la cultura en la que estamos, tendemos a no mirar el mal como mal. Sino como una debilidad, algo que pasa porque el mundo está como está. Tendemos a ver el mal como algo que no tiene que ver directamente conmigo. Como mucho, yo lo padezco, solamente.

Pero no sólo tenemos que reconocer que el mal está en el mundo y vaya así está, lo vemos por todos lados con una crueldad impresionante, sino que tenemos que reconocer algo que nos cuesta más, que es que el mal está en nosotros, que nosotros somos capaces de hacer algo porque está mal y para hacerlo mal, que no es lo mismo que nosotros somos capaces de equivocarnos porque somos frágiles y a veces no hacemos las cosas todo lo bien que tendríamos. 

No, todo eso es verdad. Muchas veces hacemos las cosas mal por lo frágiles y lo tontos que somos. Pero además somos capaces de hacer el mal porque está mal y para que haga mal. Cuando yo digo una palabra que sé que le va a hacer doler a otra persona y si no le doliera no la diría y la digo, estoy generando el mal, haciendo el mal y provocando el mal. No es una debilidad mía que, bueno, estaba de mal humor. Hay en mí la capacidad de obrar mal. 

Esto en este tiempo hay que recordarlo porque la cultura en la que estamos no es la que teníamos los que somos más viejos. Cuando nosotros éramos jóvenes, los que ahora somos viejos, todo estaba mal, todo era pecado. Tenías que vivir confesándote y rezando sobre espinas para purgar tus pecados. Gracias a Dios eso se pasó porque era una religiosidad totalmente neurótica. Pero nos hemos ido para el otro lado en donde nadie hace nada mal y en cuanto vos decís a alguien que algo está mal, sos de lo último. El mal existe y no sólo en el mundo, no sólo por culpa de la sociedad. Existe en nuestro corazón, ¡en nuestras familias!

¿Y entonces qué? ¿Tenemos que vivir aterrorizados por la culpa y por el miedo? Sin duda que ese no es el mensaje cristiano, que era cuando nos hablaban todo el tiempo de la culpa. Yo puedo estar en paz y puedo ser feliz a pesar de que hay adentro mío la capacidad de hacer el mal porque Dios es mi Padre y siempre me perdona y siempre va a estar al lado mío porque sabe que soy así y me va a acompañar como un buen padre o una buena madre acompaña a un hijo que se equivoca. La razón de la paz y de no vivir aterrado por la culpa no es que yo soy un angelito, es que Dios es infinitamente bueno y siempre va a estar al lado mío y siempre me va a perdonar.

Y esto se relaciona con lo que acabamos de escuchar en el pasaje del Evangelio. Se dice que Jesús se va al desierto a orar, muchas veces se dice esto en el Evangelio. Si preguntamos o nos preguntamos cómo rezaba Jesús, podemos contestar con el Padre nuestro, podemos contestar con el templo, pero la mayor característica de cómo rezaba Jesús es que se iba, estaba en el desierto, o sea estaba solo en un lugar por lo general peligroso y allí se encontraba con Dios y dialogaba con Él.

Y se nos dice que allí se encuentra con el demonio, el espíritu del mal, y el demonio le dice si eres hijo de Dios dile a estas piedras que se conviertan, si eres hijo de Dios tírate de acá arriba. La tentación no está en las piedras ni en el templo, la tentación está en el principio de la frase: si eres hijo de Dios… lo que el demonio quiere es hacernos dudar de que somos hijos de Dios.

La gran tentación es dudar de la misericordia de Dios porque somos hijos. Lo que el demonio, lo que el mal quiere introducir en nuestro corazón es justamente la culpa que nos paraliza y nos asusta, y para que nosotros tengamos culpa y paralizarnos lo que necesitamos no es que se nos diga “no lo que pasa es que no importa lo que hiciste”. Lo que nos saca de la culpa es que sos hijo, y heredero, como dice San Pablo, y nada puede separarte del amor de Dios, si sos pecador arrepentite y Dios es más grande que todo nuestro pecado.

Ahí está la raíz de nuestra paz y de nuestra felicidad, no en que no pasa nada y que nunca hice nada y que nunca rompí un plato. Sino que Dios es más grande que todas mis capacidades de hacer el mal. 

Y esto también es importante en nuestro tiempo porque nos da una imagen de Dios como Padre que es importante rescatar y tener presente. Cuando Jesús predicaba, la imagen del Padre especialmente, también aunque menos de la madre, pero la del Padre especialmente, era la de un personaje autoritario que imponía su voluntad. Por eso Jesús lo llama Abba, papá, para correrse de ese lugar del padre autoritario que impone su autoridad. Pero cuando hoy hablamos de padre o madre, ya no hablamos de un personaje autoritario que impone su voluntad sino de alguien que nos banca todo.

Alguien que, bueno, no importa, ya se te va a pasar y lo que pasa es que nadie te entiende… y uno habla con los padres y la incapacidad de los padres para poner algún límite es impresionante. Hemos pasado del papá o del padre autoritario al padre que no pone límites. Dios es padre, un buen padre, y un buen padre dice lo que está mal.

Un buen padre le dice a un chico que los dedos no se meten en un enchufe. Un buen padre le dice a un chico que no puede decir tales cosas. Un buen padre pone límites y Dios nos pone límites no porque no nos quiera sino porque nos quiere.

La cuaresma es el tiempo en el que se nos invita a mirar nuestro corazón, a mirar lo que haya de malo en nuestro corazón. Claro que hay cosas malas, pero eso no quiere decir que soy una mala persona. Eso no me tiene que paralizar ni angustiar.

Claro que hay cosas malas, pero tengo también un camino de salida para lo malo que hay en mi corazón. Primero tengo que reconocerlo porque si no, no salgo nunca. Esto nos lo enseña hasta la psicología más elemental de nuestro tiempo.Una vez que lo reconozco y sé que tengo un padre que siempre me perdona, puedo empezar a caminar y no quedarme paralizado en la culpa.


APUNTES PARA LA PREPARACIÓN DE LA HOMILÍA:

(Comparto ahora los apuntes que había hecho antes de la homilía, después, al comenzar a hablar, la homilía adquiere vida propia).

  • El texto nos dice que Jesús se fue al desierto y allí se encontró con el demonio. Para comprender lo que se nos quiere decir conviene darle a la palabra desierto toda la fuerza y el significado que tiene en la Biblia. Allí el desierto no es solo un lugar lleno de arena, vacío y peligroso, el desierto en la Biblia es todo lugar vacío y peligroso. También conviene recordar que en muchas ocasiones se nos dice que Jesús se retira al desierto para orar en soledad. Jesús no busca lugares agradables para la oración, no busca música relajante ni imágenes inspiradoras, para Jesús, como después dirá san Pablo, la oración es “un combate”, la fe es “una batalla”, “pelea la buena batalla de la fe” le dice Pablo a Timoteo (1 Tim 6,12)
  • También conviene junto con la imagen del desierto como arena y viento abandonar la imagen del demonio que ha instalado en nuestras cabezas la imaginería del final de la edad media y la literatura del Dante (monstruos con cuernos que hierven en calderos a los condenados) El demonio, en la Biblia, como queda claro en el texto de hoy, es aquel que nos hace dudar de si somos o no hijos de Dios. El demonio es esa voz interior que nos hace dudar del amor de Dios, que nos hace pensar que para Dios no valemos nada. En el Apocalipsis se presenta el triunfo de Dios diciendo: “Ha sido expulsado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba día y noche delante de nuestro Dios” (Ap. 12,10) El demonio es aquella voz que suena en nosotros y nos quiere convencer de que por nuestros pecados no valemos nada a los ojos de Dios.
  • “Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes…” “Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo…” el demonio es esa voz que nos desafía a desafiar a Dios para hacernos dudar de Dios y de nosotros mismos. Jesús no huye de esas voces, se va al desierto para escucharlas y responderles. Así es la oración de Jesús y la oración a la que estamos invitados, una oración que nos confronta con todos nuestros miedos y responde a ellos desde la confianza de quien se sabe hijo de Dios.
  • En el momento de enseñar el padrenuestro a sus discípulos Jesús les dice: “cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados. No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan…” (Mateo 6,7-8). Para Jesús la oración no es el momento de muchas palabras o de pedir cosas imposibles, sino el tiempo para el encuentro en soledad y silencio con la voluntad de Dios que sabe mejor que nosotros lo que es bueno para nuestra vida.
  • El desierto no está afuera ni lejos, está en nuestro corazón, allí donde en las dificultades suena la voz del acusador que nos quiere hacer creer que no somos hijos sino esclavos. San Pablo les recuerda a los Gálatas “la prueba de que ustedes son hijos, es que Dios infundió en nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama a Dios llamándolo ¡Abba!, es decir, ¡Padre! Así, ya no eres más esclavo, sino hijo, y por lo tanto, heredero por la gracia de Dios.” (Gal 4,7)
  • En los momentos de dificultad, de temor, de oscuridad, en los momentos en los que se apoderan de nosotros “los malos espíritus”, la ira, la envidia, el resentimiento y tantos otros… entonces no se trata de hablar mucho ni de pedirle a Dios milagros extraordinarios sino de confiar, confiar como confían los hijos pequeños en su padre.
  • La última vez que vemos a Jesús orando en “su desierto” es en el monte de los Olivos, antes de la Pasión, “Padre mío, si es posible pase de mí este cáliz pero no se haga mi voluntad sino la tuya…” (Mateo 26, 39).



4 pensamientos en “Si tú eres hijo…”

  1. ¿Serémos lo suficientemente valientes como para entrar en el desierto de nuestro interior y ver que:

    “Claro que hay cosas malas, pero tengo también un camino de salida para lo malo que hay en mi corazón…..”
    ……..?
    Y si….
    Yo siempre planteando preguntas, no se me quita esa costumbre vió ????!!!!

    Abrazo Jefe!!!!!

  2. No dudar de la misericordia de. DIOS .nada puede separarnos de su amor
    Mi padre era muy bueno. Dejó huellas en mi vida.Amor,respeto ,ayudar al prójimo
    Eso no lo veo en mis nietos
    Protegelos Señor!!!🙏🕊❤️💦🌈

  3. Ciertamente somos capaces de hacer el mal, pero plenamente lo es cuando ese mal se cristaliza en acciones realizadas con conocimiento de la maldad que puede haber en ellas, con mala intención nuestra y con sentimientos hostiles. Otras veces algunas acciones pueden resultar malas por circunstancias ajenas, o porque no vemos claramete el mal en ellas. Gracias padre Jorge!

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