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El Cordero

Al día siguiente, Juan vio acercarse a Jesús y dijo: “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. A él me refería, cuando dije: Después de mí viene un hombre que me precede, porque existía antes que yo. Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que él fuera manifestado a Israel”.

Y Juan dio este testimonio: “He visto al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y permanecer sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: ‘Aquel sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre él, ese es el que bautiza en el Espíritu Santo’. Yo lo he visto y doy testimonio de que él es el Hijo de Dios”.

Jn 1, 29-34



SÍNTESIS EN TRES PUNTOS (IA):

  1. Jesús es el verdadero Cordero de Dios, el inocente que realiza y supera el antiguo signo pascual del cordero que salvó a Israel.
  2. La Eucaristía actualiza esa historia, porque el pan consagrado se convierte en el Cordero y vuelve a cada persona, que se convierte en sagrario vivo de Cristo.
  3. La comunidad es llamada a encarnar al Cordero, haciendo presente a Jesús mediante el amor, el perdón, la esperanza y la vida compartida que transforman el mundo.

TRANSCRIPCIÓN COMPLETA DE LA HOMILÍA:

Nuevamente, este domingo, aparece el personaje de Juan Bautista. En este caso, aparece Juan Bautista señalándolo a Jesús y diciendo «Ese es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo». ¿Qué quiere decir esto? 

La imagen del Cordero era muy fuerte para los judíos. Desde la salida de Egipto, durante toda la historia de Israel, los judíos celebraban la Pascua matando a un cordero. En Egipto, cuando se desata la persecución contra los judíos, ellos reciben la orden de sacrificar a un cordero y poner la sangre del cordero en la puerta para indicar que esa casa es de un judío y un lugar a donde fue sacrificado un cordero. Y desde ese gesto, que termina con la liberación del pueblo judío que atraviesa el Mar Rojo y se larga a caminar por el desierto hasta que se establece en la Tierra Prometida, los judíos empiezan a recordar siempre aquel día en el que habían sacrificado un cordero que les había salvado la vida.

Y por eso toda la historia de Israel está estructurada alrededor de la fiesta de Pascua judía que va unida al sacrificio del cordero. ¿Y por qué un cordero? ¿Por qué no un perro, un gato, un caballo? ¿Qué se les da por sacrificar un cordero? Los que hayamos tenido la posibilidad de ver un corderito de cerca, y si no lo vemos en una foto es casi lo mismo, un cordero es la cosa más inocente y pura que uno se pueda imaginar, más frágil, imposible. ¿Qué es lo que están haciendo los judíos? ¡Están buscando algo que sea puro! ¡Están buscando algo que sea inocente para ofrecerle a Dios, algo inocente en esa realidad de Egipto en la cual eran todos esclavos y eran tratados como animales! Algo bueno tenía que haber.

Y buscando algo bueno, inocente, toman un cordero y dicen, agarren un cordero y coman un cordero esta noche. Encuéntrense con algo inocente, eso los va a salvar. Y eso es lo que se continúa a lo largo de siglos hasta que llega este momento en donde Juan el Bautista dice: “ese es el verdadero cordero”, no es como los otros corderitos, ese realmente es inocente, ese es el que nos va a salvar.

Esa es la fuerza de la palabra de Juan. Juan está diciéndoles a los judíos, miren, déjense pensar en corderitos, este es el cordero, el que es verdaderamente inocente. Y fíjense que esto continúa a lo largo de la historia hasta nuestros días.

Y la Iglesia toma esta frase que acabamos de escuchar de Juan el Bautista y dentro de un rato la voy a repetir yo y la repetimos cada vez que celebramos la misa. Después de la consagración y antes de la comunión, el sacerdote levanta la hostia y dice, este es el Cordero que quita el pecado del mundo. Felices los invitados a la cena del Señor.

Y todos respondemos, “Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya…” Fijémonos que esto que estamos haciendo forma parte de esa historia. Que esto que estamos haciendo forma parte de la historia inmensa de ese pueblo y le da a nuestra Eucaristía una dimensión completamente nueva, completamente transformadora.

¿Y qué quiere decir que quita el pecado del mundo? ¿Que venimos y ya está? El Señor nos muestra el camino, nos muestra lo que es la inocencia y nos invita a caminar en esa dirección. 

Pero el signo no termina ahí. Los judíos sacrificaban el cordero y se lo comían. Nosotros, dentro de un ratito, algunos de ustedes van a traer hasta aquí las hostias que vamos a consagrar. ¿Por qué salen de allá y no las vamos a buscar a la Eucaristía? Porque las hostias simbolizan a todos ustedes. Ustedes también son el cordero.

Traemos hasta aquí ese pan, en el altar con las palabras del sacerdote y la oración de toda la comunidad, esto es mi cuerpo, esto es mi sangre, el pan se convierte en el Cordero y después, en el momento de la comunión, el pan vuelve y cada uno de ustedes recibe la comunión. Ese pan que vino, ahora transformado, vuelve a nuestras vidas y el Cordero ya no está allá en Egipto ni en la historia de Israel, ni siquiera en la historia de la Iglesia. Está en la historia de cada uno de nosotros.

El Cordero viene a cada uno de nosotros y cada uno de nosotros es el sagrario de ese cordero. El Cordero está en el sagrario que está ahí, sí, sin duda, pero está en el sagrario que es cada uno de nosotros. Este es el Cordero de Dios, podemos decir, mirando a toda la comunidad.

Todos nosotros hacemos presente a Jesús y con nuestras vidas y nuestra capacidad de transmitir amor, de transmitir perdón, de transmitir vida, de sobreponernos a las dificultades, de venir a la Eucaristía a pesar de lo que sea, que se murió fulano, que estoy enfermo, que apenas puedo caminar, que me encantaría estar haciendo otra cosa. Esta es la comunidad, este es el Cordero. Esto es lo que quita el pecado del mundo.

Esto es lo que hace que en el mundo que pasa todo lo que pasa haya una esperanza, haya un grupo de gente, aquí y en todas las iglesias del mundo, que cree, confía, espera y vive otra cosa, otra realidad, otra esperanza. Otra ilusión. Por eso vamos a celebrar con muchísima alegría esta Eucaristía y a hacer presente el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.




4 pensamientos en “El Cordero”

  1. Gracias, padre por ayudarme a profundizar en que estoy.haciendo cuando comulgo A veces, me parece que hay mucha rutina en mi Y es el centro de mi vida, lo más hermoso!! Una vez más gracias padre Jorge!

  2. Realmente Padrr,que compromiso al recibir este CORDERO, mi vida debe ser lo mas fragil, inocente humilde y saber vivir como El Cordero de Dios,mirar servir proteger,ayudar, y saber decir con mi vida que Jesus esta aqui!🙏❤️🐑

  3. Es un privilegio y un renovado compromiso recibir a Jesús sacramentado para ser auténticos testigos de su anuncio. Gracias padre Jorge!

  4. A veces me pregunto: Qué sería de mi vida si no tuviera ĺa Palabra de Dios para iluminarme, consolarme, sanarme, tener esperanza, ?
    Señor, me refugio en vos.
    No soy digna de que entres en mi, y aún así venís y vuelvo a vivir en tu presencia que amorosa

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