No basta con un click

Es habitual escuchar que la Iglesia debe cambiar su lenguaje para comunicarse con las personas, que las palabras v las formas que utiliza son anticuadas y que en nuestro tiempo no se entienden. Sin dudas hay mucho para crecer en esa dirección y todos los esfuerzos que se hagan serán bienvenidos. Pero todo parece indicar que la dificultad es más profunda, que no es solamente una cuestión de lenguaje o palabras más o menos adecuadas.

Hay misioneros que apenas conocen la lengua de los destinatarios de sus discursos, consejos u homilías y que, sin embargo, llegan a los corazones y logran transmitir lo más importante del mensaje de Jesús. Hay también excelentes oradores que conocen todas las técnicas y las palabras exactas para llegar a sus auditorios y no logran transmitir lo que se proponen. La diferencia entre uno y otro no se encuentra en ningún curso de oratoria ni en algún entrenamiento para la utilización de los medios. Es necesario ese fuego interior que tiene solamente el que habla desde la experiencia. La única manera de llegar al corazón del otro es con un mensaje que brota del propio corazón.

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